Historias de la madrugada. Episodio 1 temporada 1

Ante todo sepan disculpar mi ausencia : con un teclado dañado me resultaba imposible postear sin pretender usarlo para “batear la pared”. Ahora si, a lo nuestro.

Hace no demasiado tiempo atras tuve el privilegio de trabajar de noche, casi hasta el amanecer. Digo privilegio porque si bien te corta el dia con el tema del sueño te permite tener ocho horas para leer, para pensar, para explotar tu yo interno de mejor manera. Asi era toda la noche hasta que cinco y algo de la mañana, a sabiendas de que iba a ser relevado, preparaba el mate, la musica para el camino y me prestaba para irme. A esas horas de la mañana, y mas en pleno centro de Montevideo, la sociedad demuestra que esta compuesta de un monton de animales de tradiciones, o sea : siempre subia la misma gente en las mismas paradas, con la misma cara de sueño y las caras largas, mas largas aun de lo que suele ser la cara de cualquier uruguayo que se trepa al omnibus en horarios normales. De todas formas, en el recorrido que yo tomaba subia poca gente, no mas de 15 personas.

Pudo haber acontecido la historia en uno de los cientos de naves parecidas a esta...
Pudo haber acontecido la historia en uno de los cientos de naves parecidas a esta…

Una de esas personas es la homenajeada del dia de hoy. No se -ni sabré- como se llama. Siempre subía en la misma parada -ni bien dobla- y siempre mostraba esa señora una especie de uniforme de vida : seria, con sus carpetas bajo el brazo, con sus ojos un poco caidos y con la mirada expresiva siempre mirando por la ventanilla, para luego bajarse siete paradas mas adelante. Era una mujer que no puedo decir que me resultara atrayente, pero si que me llamaba la atencion. Solamente una vez me atrajo fuertemente : ese dia subió con su hija (o lo que carajo fuese) y venian las dos hablando divertidamente, hasta que la mujer en cuestion esbozó una risa tan sonora, tan suelta, tan natural en u origen pero antinatural en el preconcepto nocturno que me habia formado de ella…que no pude mas que quedarme encantado y embobecido, siendo yo tambien contagiado de ese espiritu : me fui con una sonrisa de oreja a oreja, mirando por la ventana.

Nunca mas la vi reir de esa manera, de hecho nunca mas la vi sonreir siquiera. Habia vuelto la mujer de la mascara de forma humana. De hecho ahora -con horarios distintos- ni siquiera he vuelto a coincidir en el omnibus.

Y mas convencido que nunca que en esta era de alcohol, drogas y remedios usados unicamente para liberar emociones que no nacen de natural forma, todavia quedan pequeñas emociones que te dejan “pum para arriba” o “volado”, como dicen los pibes de ahora.

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