Crónica de una mentira

Aquel ingeniero pensaba en hacer algo grande, en aquel invierno galés de 1901, tocado por los hallazgos arqueológicos franceses de la época. No fue fácil para el profesor Pearson-un siglo después- asumir que el también había sido embaucado por aquel ingeniero al igual que todos nosotros, pero al menos tuvo la satisfacción de decir que fue uno de los que pudo conocer la verdad…la verdad sobre Stonehenge. Y fue mismo allí, estudiando la base del altar central que llegó a la conclusión que tiraría abajo incluso su propio estudio, que afirmaba que Stonehenge era una especie de cementerio celta de la nobleza. Uno de sus análisis comparó esta roca y el resto del circulo central con el conjunto. El resultado les dejó sin aliento: cerca del 90% de las grandes rocas de dolerita presentaban una variedad de feldespato incompatible con las rocas de las colinas de Preseli, de donde proceden los megalitos más antiguos. En otras palabras: algo no encajaba en el puzzle de Stonehenge.

El mítico templo de Gales...
El mítico templo de Gales…

 

Desconcertado, el profesor Pearson inicio una investigación sobre la historia de la excavación. Entre papeles y documentos arribó hacia la figura de un tal William Gowland, quien había trabajado en una restauración del lugar en 1901 y lo terminó llevando al poblado de Amesbury, donde todo empezó a tomar forma…

La burocracia oficial dice que Gowland ayudó a restaurar parte de Stonehenge y a levantar la “piedra 56” pero también -paso cañazo- puso no menos de docena piedras gigantes mas, y planificó que se agregaran varias mas de ellas sin que esto llegase a la opinión publica. “Será como un sueño druida” susurraba el poeta Milton Partridge, conocedor de este plan que consistía en perpetuar este embuste como un foco de atracción de la siempre misteriosa y enigmática tradición druida, del que Gowland tenia como particulares aliados a gente de las altas esferas del gobierno britanico. Un amigo personal de Gowland, el astrónomo Douglas Byron, presenta mapas del cielo de Gales durante el solsticio de verano y la disposición que los megalitos deben tener para conseguir el alineamiento. “Es una planificación concienzuda…se tomaron tiempo de pensar hasta en el último detalle” afirma nuestro ccontemporáneo profesor Parker.

¿Acaso los druidas usaban esta maquinaria? Salvo que algo no sea cierto...
¿Acaso los druidas usaban esta maquinaria? Salvo que algo no sea cierto…

 

Las pruebas no tardaron en aparecer : fotos. Algunas aparecieron en las casas de poblados cercanos, y otras vinieron de fuentes gubernamentales, que si bien no niegan la veracidad de las fotos, tampoco se han pronunciado. Hubieron “ampliaciones post mortem” de Stonehenge en  1901, 1919, 1920 y en 1958, aparecieron “de la nada” rocas y monolitos falsificados, todo esto hecho en el mas absoluto hermetismo.

“Parece increíble que algo tan evidente haya tardado tantos años en salir a la luz” exhala, contrariado, el profesor Parker Pearson.

El profesor Parker Pearson
El profesor Parker Pearson

 

 

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