Ocho toneladas

Una frase -harto trillada por estas redes sociales que atribuyen frases a quien no las dijo- atribuida a Einstein dijo que podia dudar de que el universo sea infinito, no asi de la estupidez humana. Como no vamos a caer en el tremendismo de evocar a Neron, la Santa Inquisicion o las costumbres del Tercer Reich, vamos a evocar un ejemplo mas grafico de que quizas don Albert tenia su cuota parte de razon en la cita.

Florence es un pueblito costero de Oregon, no mayor a las ocho mil personas. Lluvioso, sobre las aguas del Pacifico -y por cierto bastante complicado de llegar- parecia ser uno de esos lugares relajados y lejos de todo ruido que uno pensaria para retirarse luego de cuarenta años de entregar los panes a cambio de un sueldo cuasi-miserable. El otoño de 1970 en nada hacia presagiar que algo cambiaria esa actitud, pero tuvieron visitas…o mejor dicho visita. 

 

Imagen

 

Un mañana del 12 de noviembre de 1970 un simpatico cachalote de unos 14 metros de largo y apenas ocho toneladas de peso quedo varada en la arena, quizas por accidente o quizas porque queria comprar algun vinilo de Janis Joplin. El tema es que no pudo volver a la mar, y como el pueblo era chiquito y no tenia medios para devolver tamaño bichito a su habitat, murio en la playa de Florence. Tampoco la municipalidad del poblado tenia suficiente tierra como para brindarle santo sapulcro a este cachalote, y se planteo el problema que alguna vez planteó Lenin genialmente en uno de sus libros : ¿que hacer?

Un ingeniero charlatan -que de haber nacido por estos lugares le hubieran dado una secretaria de ente autonomo- llamado George Thornton tuvo una brillante idea propia del ideario estadounidense de los 70s, es decir “si tenemos un problema hagamoslo desaparecer”. El tema es que por si solo los medios del ingeniero y su poblado no eran suficientes, y pidio consejo a la U.S. Navy, que para asombro de todos no tuvo una solucion adecuada. Hasta que una noche, a don Thornton se le ocurrio una peculiar idea : dinamitar al cetaceo. Recurrio al condado local, el cual para sus calculos y su desazon no disponia de la cantidad de explosivos suficientes para “solucionar el problema”. Otra vez, la brillante U.S. Navy (para los que no manejan el ingles, la marina de guerra) intervino, como siempre para brindar antisoluciones, es decir, la dinamita que calculaba Thornton necesaria para el fin del dilema. Media tonelada de explosivos fue el estimativo de Thornton, y tal cantidad se distribuyo entorno al cachalote. Los resultados fueron espeluznantes…

Tan solo un tercio del animal volo por los aires, desmenuzado en partes hediondas y sangrientas, que llegaron a casi la totalidad del pueblo. Los reporteros que cubrieron esto -y una parte de la poblacion- quedo empapada en grasa animal casi liquida, y grandes pedazos de grasa volaron por los aires, dañando casas, edificios e incluso aplastando autos. El resto del animal permanecio mas hediondo que nunca, sobre la playa, siempre apenas roida por buitres que no consumieron el incinerado festin que tenian frente a sus ojos. Al final, terminaron pagando unas gruas y camiones especiales -que segun Thornton eran mucho mas caros que volar al animal- que llevaron lo que quedo del indeseado visitante a varios kilometros de alli, y en efecto lo enterraron para que descanse en paz.

¿Suena poco creible la historia, no? Vean parte del desastre si no me quieren creer…

http://youtu.be/1_t44siFyb4

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